logo-revista-enfoque-de-michoacan


Martes, 30 Octubre 2018 07:29

El árbol de la sangre

Medem lo ha vuelto a hacer. Cierto es que, como dice la canción, aquellos días de Vacas, Los amantes del Círculo Polar o de Lucía y el sexo, “no volverán”, pero aquí, en esta tierra cainita y plurinacional, deberíamos sentirnos orgullosos por seguir disfrutando con las obras de este cineasta simpar, incluso cuando yerra (y ahora no es el caso). Con sus piruetas narrativas, hipérboles visuales y conexiones cósmicas, el donostiarra es un Terrence Malick autóctono, nuestro particular Aronofsky

Metafórica y desbordante, como la mayor parte de su filmografía, El árbol de la sangre comienza cuando dos enamorados, Rebeca y Marc (interpretados porÚrsula Corberó y Álvaro Cervantes), se reúnen en un caserío familiar con el objetivo de reconstruir y completar su árbol genealógico: cada uno conoce fragmentos de su historia compartida que el otro ignora, cada cual sobrelleva una cicatriz además, física y emocional. Cronológicamente, el relato se retrotrae hasta la Guerra Civil (esa gran fractura nuestra), con unos hermanos emigrados a Rusia y regresados a la madre patria como emigrantes del Este. El árbol de la sangreprofundiza en el atavismo, el mestizaje y la crueldad de la sociedad presente, con la especulación inmobiliaria, el crimen organizado y la enajenación esculpida en los rostros de Josep María Pou, Ángela Molina o Najwa Nimri y nos conduce a un final tan catártico como incorporable.

Visto 42 veces

GOBIERNO DEL ESTADO